En Cúcuta, el tapabocas no puede ser un lindo corbatín… ¡debe ser un salva vidas!

Por: Juan Carlos Castañeda Guerrero

Se cumple una semana de la fase de aislamiento selectivo, en referencia a la prevención de la COVID-19 por parte del Gobierno Nacional, y con miras a seguir normalizando la vida de quienes por meses hemos estado encerrados en casa, cuidándonos y cuidando de nuestras familias.

Esta ha sido una de las situaciones de la vida que más se ha acercado al concepto de ermitaño, entendido como “persona que elige profesar una vida solitaria y ascética, sin contacto permanente con la sociedad”. Ha sido una experiencia rica, nos hemos reencontrado con nuestro hogar, con nuestra vida en casa y con aquellas cosas que algún día dejamos de hacer por el corre corre diario.

Pero no todo puede ser eterno. Se entiende que hay que retornar a esa vida civil, del consumismo, del deporte, de lo que se dejó atrás desde aquel 17 de marzo de 2020, cuando todos pensábamos que aquello que se veía como noticias muy lejanas, no iba a pasar por esta tierra.

Pero no fue así. Sólo Norte de Santander reporta 12.647 casos de contagiados y para el 5 de septiembre se contabilizaban 20 muertos y 267 enfermos más. Pero aún así hay que volver a la ‘nueva normalidad’, pues esa es la idea del Gobierno nacional y puede que tenga razón, pero de aquello de tener un aislamiento selectivo y de tomar las medidas de bioseguridad, pocón pocón.

Basta dar una mirada al centro de Cúcuta, para darse cuenta de la falta de consciencia de la gente. Es totalmente respetable el derecho al trabajo y demás, de las miles de familias que se ganan la vida vendiendo agua en bolsa, helados, pasteles, tinto y una lista interminable de alimentos que hacen de este sector uno de los más concurridos, pero también uno de los más peligrosos para convertirse en foco de contagio.

O, ¿es que acaso no recordamos que aún no hay vacuna contra la COVID-19? ¿Olvidamos que el virus sigue vivo en las calles y en los lugares de mayor aglomeración? ¿Dejamos de pensar que un tapabocas y un lavado de manos nos puede salvar la vida? Esa es la realidad de Cúcuta, la cual ocupa el primer lugar en informalidad del país, según lo registra el DANE, al señalar que en el primer semestre del año la ciudad tiene una informalidad del 69.2%, un deshonroso peldaño que sólo es escoltado por Sincelejo, con el 65.9% y Santa Marta, con un 63.9%.

Esta, quizá, es la respuesta más obvia al porqué la gente tiene y debe salir a las calles a buscar el pan para sus hijos, porque la falta de empleo y las pocas oportunidades, únicamente tienen como punta de lanza el rebusque, y ahora la palabra de moda: el emprendimiento. Pero, por más rebuscadores que sean, y más emprendedores y verraquera tengan los cucuteños, ¿por qué se empeñan en salir sin tapabocas a la calle?

No podemos quedarnos encerrados en casa de por vida, porque la vacuna aún tardará un poco, no solamente en ser aceptada, sino también en la tramitología que tendrá para llegar al país; pero mientras tanto, el llamado es para aquellos que usan el tapabocas como corbatín, como cubre cuellos o simplemente como adorno, porque sienten que eso los ahoga, pero créanme, hay cosas que ahogan más, como la misma enfermedad.

La reactivación económica y social también nos llama a una reactivación motivacional y emocional, con un sentir de ciudadanía y de autocuidado en el que es estrictamente necesario hacer uso de los implementos de bioseguridad, y de usarlos de la manera correcta. En la mañana de este sábado las redes sociales registraban las largas filas de vehículos ingresando a Chinácota, lugar turístico de Norte de Santander. Poco a poco se irán reactivando los oficios religiosos en las iglesias, donde se están adecuando las sillas y los espacios para los feligreses, y lo propio harán los restaurantes, donde los protocolos de seguridad deben ser estrictos para ir adecuándonos a esta nueva realidad.

Sin embargo, aquellos que venden en las calles, no olviden que el primer cordón de seguridad son ustedes mismos, no se quiten el tapabocas para vender, no se lo bajen, no crean que el virus se fue, tal vez está a la espera de atacar a los incrédulos, pues la medida decretada por el Gobierno Nacional, de este aislamiento selectivo y de autocuidado y prevención irá hasta el 30 de septiembre, por lo que hay que ver si las medidas se ablandan o se endurecen. En nuestras manos está, y no sólo en ellas, en nuestra boca y estricto cuidado está la clave para salir de esto. ¡Amanecerá y veremos!

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