Error insalvable

Por Gonzalo Oliveros Navarro

Lo ocurrido en Venezuela entre el 11 y el 13 de abril del 2002,  es a no dudarlo,  una obra en varios actos.

Si bien es cierto que hubo errores de todo tipo por parte de quienes lo adelantaron,  hubo uno que, a mi juicio,  es referente a lo que ni ayer ni hoy debe hacerse.

Reza la historia que el señor Chávez –entre la noche del once y las primeras horas del doce- aceptó resignar la presidencia  siempre que se le permitiera viajar a Cuba,  lo cual fue inicialmente aceptado por los militares que con él negociaron. Sin embargo el acuerdo no fue honrado.

Ocurre que al llegar el señor Chávez a Fuerte Tiuna –sede del Ministerio de la Defensa de Venezuela- a los efectos de dar cumplimiento a lo acordado,  algo cambió.  Bajo la exigencia de que era menester juzgarlo por las muertes ocurridas la tarde del 11 de ese mes, parte de sus compañeros de armas presentes, se negaron a permitirlo. Por consiguiente,  se afirma que Chávez se negó a firmar la renuncia. Allí se forjó lo que hoy vivimos. 
“Pacta sunt servanda”. Los acuerdos deben ser respetados. La máxima latina no se cumplió y hoy aquí estamos con una crisis política,  económica y humanitaria de proporciones incuantificables,  derivada del todo o nada que,  en política –como en la vida diaria- no necesariamente es aplicable.

Dieciocho años después, en Venezuela y fuera de ella se está proponiendo un acuerdo para la transición en el país. El mismo conllevará –a no dudarlo- concesiones de alguna especie respecto de personas que alguna parte de los venezolanos estima no merece ninguna. Más sucede que muy probablemente de esa persona puede depender la solución de la crisis que nos afecta  y ello,  guste o no,  obligará a transar  algo por lo que a ese individuo concierne.

Seguramente  muchos de quienes me leen considerarán que lo que afirmo es inviable. Que todo el que causó daño debe pagarlo,  independientemente de quien sea. Y yo afirmo que eso es natural pero impolítico. Fue lo que hicieron los militares aquella madrugada de abril. Exigir el todo y nos quedamos con la nada.  

Doy por cierto que  entre los países deseosos de que retorne la democracia a Venezuela hay alguno dispuesto a recibir en su territorio a quienes tienen trancado el juego venezolano. Aún los más impensados pueden hacerlo. Muy probablemente mientras leemos estas líneas, con ellos se está hablando para que eso ocurra. Nada en tal caso podrá sorprendernos. 

Debe entenderse que  no obvio para nada el tema de las solicitudes judiciales. Lo cierto es que siempre la extradición es una decisión política y si la comunidad internacional está conteste –como lo está- en que es necesaria una salida  a nuestra crisis,  de seguro una solución satisfactoria encontrará. 

GacetaRegional

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