Los Juanes de Cúcuta: Leales y generosos

Por: Luz Marina Perozo

Este trabajo fue una de las propuestas ganadoras en la categoría de Periodismo Cultural, correspondiente a la Segunda Convocatoria Especial del Programa de Estímulos a la Creación, formación y circulación artística y cultural de Cúcuta, en el marco de la emergencia del COVID-19, promovida por la Administración Municipal a través de la Secretaría de Cultura y Turismo en el segundo semestre de 2020. Su publicación en Gaceta Regional es parte del compromiso de circulación.

A diferencia de las fundaciones de la época de la Conquista o de la Colonia, la ciudad de Cúcuta no fue fundada a ‘sangre y fuego’ por los españoles, sino que surgió por el generoso gesto de donación de terrenos de dos personajes ilustres en la historia unidos por el mismo nombre: Juana y Juan, y similares en fortuna y generosidad.

Y es que Doña Juana Rangel de Cuéllar, una aristocrática dama pamplonesa, hija de españoles, donó 50 estancias de ganado mayor (782 hectáreas) de su hacienda Guasimal para erigir allí la parroquia San José, en la cual pudieran convivir y desarrollarse la población blanca y criolla que crecía en estas comarcas bajo los ritos de la Iglesia Católica.

Este hecho se concretó el 17 de junio de 1733 en su hacienda de Tonchalá, y para muchos historiadores marca la fundación de la Noble, Leal y Valerosa Villa de San José de Cúcuta.

Más de un siglo después, el 21 de septiembre de 1850, un próspero hombre de negocios de origen español, Don Juan Atalaya y Pizano, donó los terrenos donde hoy se asienta la Ciudadela Juan Atalaya y conviven los habitantes de las comunas 7 y 8 de la ciudad de Cúcuta.

Imaginemos a la noble señora

Estatua de Juana Rangel de Cuéllar en el parque que lleva su nombre ubicado sobre la Diagonal Santander.

Su postura no se había encorvado con el paso de los años; al contrario, aparecía erguida y con un rostro tranquilo y austero, enmarcado por una blonda cabellera blanca, recogida en la parte de atrás en un moño, que le daba un aire señorial; tenía una sonrisa apenas perceptible y su vestimenta denotaba el linaje de las nobles familias de otra época.

Como en un sueño, la observé bajarse del pedestal  en el que permanecía y caminar por la Diagonal Santander mirando con mucha curiosidad a su alrededor, como si lo estuviera descubriendo por primera vez. Caminaba despacio, como queriendo grabar en su memoria cada detalle. ¡Cuánto había cambiado aquel potrero que ella cediera en 1733! Aquel sitio llamado Guasimal permitió que los blancos españoles y sus hijos nacidos en estas tierras, pudieran erigir la parroquia de San José y desarrollar el lugar.

Precisamente, el desarrollo de la colonización española en el siglo XVI convirtió a esta región en el límite político-administrativo de lo que más tarde serían las repúblicas de Colombia y Venezuela, y donde la ciudad de Cúcuta sería un puerto seco de entrada y salida de mercancías que fue determinante en el desarrollo de su historia. Cúcuta ha sido desde sus inicios, un lugar para el comercio y un estratégico cruce de caminos.

Doña Juana recordó entonces, que al otro lado de estos terrenos quedaba el Pueblo Indio de San Luis, el sector más antiguo del municipio de Cúcuta. Sobre esta parroquia cabe destacar que conserva un cuadro de la Virgen de Chiquinquirá que data del año 1587, imagen que fue donada por el conquistador español Rodrigo de la Parada para afianzar la amistad con el pueblo de indios. Este cuadro sobrevivió a una violenta inundación y a la destrucción del templo durante el Terremoto de Cúcuta de 1875.

Por estos motivos, la iglesia cultiva una ferviente devoción a la Virgen de Chiquinquirá, designada como patrona de los cucuteños en 1897, año de la reconstrucción del templo bajo el liderazgo del párroco Demetrio Mendoza. De tal manera que, además de Parroquia San Luis Gonzaga, también se le conoce como Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

Pero volvamos a nuestro cuento con la amable dama pamplonesa, doña Juana Rangel de Cuéllar.

Quienes a esa hora de la mañana la veían caminar hacia el Terminal de Transportes con su traje largo, de amplias faldas ceñidas a la cintura, sentían curiosidad y cierta lástima por ella, pensando que con el inclemente sol del mediodía, aquella ‘pobre’ señora, que llevaba una blusa manga larga debía estar muy acalorada y, seguramente, se habría escapado de alguna casa del barrio La Merced…

Dama visionaria

Doña Juana Rangel de Cuéllar nació en Nueva Pamplona el 6 de octubre de 1649, en el seno de una familia de gran abolengo, descendientes de españoles y conquistadores: el Capitán Don Pedro Rangel de Cuéllar, Alcalde de la ciudad en ese año, y Doña Paula de Altuve Gaviria y Vedoya.

Su vida transcurrió sin sobresaltos en su ciudad natal, junto a sus cinco hermanos, rodeada de atenciones y el cariño de sus padres. Sus dos hermanos mayores tomaron la vida religiosa, y ella debió encargarse desde muy joven, 23 años, de los negocios de su familia, al morir su padre en 1672.

Junto con su madre se trasladan a la Hacienda Tonchalá –sitio conocido hoy como el corregimiento Carmen de Tonchalá en el área rural de Cúcuta- donde fallece su progenitora en el año de 1694. Para entonces, su servidumbre era la única compañía. Poco refleja la historia lo que aconteció con el resto de su familia. Casi octogenaria, Doña Juana tuvo un gesto de generosidad al firmar las escrituras de libertad de esclavos en 1727, a favor de José (21 años), y en beneficio de los mulatos Teodora y José Prisio. Una última escritura la hizo en 1733, a favor de Inés Rafaela.

Doña Juana se distinguió desde su juventud por su carácter fuerte y visión para los negocios. Por ello mantuvo y multiplicó los bienes heredados de sus padres y familiares durante más de 50 años, con gran acierto, en un mundo dominado por hombres. Recordemos, por ejemplo, que el derecho al voto de la mujer en Colombia fue aprobado el 25 de agosto de 1954, más de dos siglos después de la existencia de la noble señora.

Según reseña la historia, los sitios de Tonchalá y Guasimal –propiedad de doña Juana- lo tenían todo, menos lo más importante para esa época: una parroquia que cohesionara la fe y permitiera el crecimiento y desarrollo de los blancos y criollos de los alrededores, tal como lo estipulaba la Corona española que establecía la división geográfica de los diferentes grupos humanos, dependiendo de su etnia. A diferencia, al otro lado del río Pamplonita estaba el Pueblo Indio de Cúcuta, con parroquia, buena iglesia y cura. Pero allí los blancos no podían acceder con facilidad pues los indios no se lo permitían.

Firma de escrituras de donación por Doña Juana Rangel de Cuéllar. (Foto diariodelsur.com.co)

De tal manera, que el momento les exigía erigir una nueva parroquia. Y fue así como varias familias acordaron realizar los trámites para llevar adelante tal empresa, para lo cual Doña Juana Rangel de Cuéllar, la dama más adinerada de este sector, dispuso hacer una donación legal a los peticionarios de la parroquia San José. Para hacerlo realidad escribió al Alcalde de Pamplona y le pidió  que trasladara hasta su hacienda de Tonchalá lo pertinente para concretar dicha donación de 782 hectáreas, las cuales serían asiento de la nueva parroquia y pueblo.

Así se hizo, y el alcalde de Pamplona Juan Antonio de Villamizar y Pinedo, hizo las veces de escribano, el 17 de junio de 1733, fecha en la que Doña Juana Rangel firmó las escrituras de cesión. Siete vecinos aceptaron la escritura de donación, con tres testigos y 17 personas notificadas como colindantes de las tierras donadas y el valor estipulado en el documento fue de 50 patacones –monedas usadas en la época colonial- lo cual quedó registrado en la escritura pública.

Dos años después, el 24 de junio de 1735, doña Juana asistió como madrina de un niño bautizado en la capilla de San José en la naciente población, y un par de meses más tarde otorgó memoria testamentaria. Acosada por los achaques de la edad, Doña Juana Rangel de Cuéllar retorno a su ciudad natal de Pamplona, donde falleció en 1736.

Cabe destacar que el 9 de marzo de 1734 se inauguró la parroquia en honor a San José, santo patrono de los cucuteños, la cual fue destruida por el Terremoto de Cúcuta en 1875 y, posteriormente, reconstruida en el mismo lugar en un proceso que duró más de 50 años. Fue erigida como Catedral y sede principal de la Diócesis de Cúcuta al fundarse esta última el 29 de mayo de 1956.

In memorian

En honor a la memoria de Doña Juana Rangel de Cuéllar se han erigido varias esculturas en la ciudad. La estatua que permanece en la Diagonal Santander fue encargada en la Administración del gobernador León Colmenares  con el apoyo de la Unión de Ciudadanas de Colombia, y pagada en su totalidad por el doctor Eduardo Assaf  Elcure. Se instaló primero en la sede de la Sociedad de Mejoras Públicas y, posteriormente, en el barrio La Merced. La placa alusiva dice: “Homenaje a doña Juana Rangel de Cuéllar. 1649 – 1737, Fundadora de Cúcuta. Gobernación del Dpto. N. de S., Sociedad de Mejoras Públicas. Unión de Ciudadanas de Colombia. Cúcuta, 10 de octubre de 1990”.

Años después, el parque fue remodelado. En la placa se lee: “Remodelación Parque ‘Juana Rangel de Cuellar’. Obra realizada en la Administración del Doctor Manuel Guillermo Mora, Alcalde Municipal. Carlos E. Rodríguez V. Director Planeación Municipal. San José de Cúcuta, Noviembre de 2002”.

Más recientemente, en la Administración de César Omar Rojas Ayala fue intervenida y remodelada. Sin embargo, por la falta de mantenimiento, el parque luce descuidado, con uno de los pilares que rodean la estatua partido y la verde grama ya no existe por la falta de riego. En los alrededores duermen algunos habitantes de calle. El entorno no le favorece a la ilustre Dama.

En otro sector de la ciudad, hay un busto de Juana Rangel esculpido en mármol por el italiano Pietro Canónica y donado por  Gaetano Severini, quien vivió en Cúcuta varios años y estuvo vinculado al comercio local. Fue inaugurado el 8 de mayo de 1962, y estuvo primero en la glorieta de San Mateo, y  por seguridad, hoy día se encuentra bajo la tutela de la Sociedad de Mejoras Públicas en el Barrio San Eduardo.

De igual manera, existe una institución educativa que lleva su nombre, Juana Rangel de Cuéllar, y está ubicada en el barrio La Laguna, en la Ciudadela Juan Atalaya.

Uno de los más grandes tributos que le rendimos los cucuteños a la  memoria de  doña Juana Rangel de Cuéllar es el Himno de Cúcuta cuya letra fue compuesta por el presbítero Manuel Grillo Martínez y la música es de Pablo Tarazona Prada.

Himno de Cúcuta (Fragmento)

"Noble, Leal y Valerosa"
eres por Cédula Real 
y porque así es,
ciudad gloriosa,
tu vida heroica y triunfal.
Meció tu cuna una matrona 
de aristocrática altivez 
como su escudo lo pregona
que era magnánima a la vez.
Juana Rangel la visionaria,
te dio un rincón para morir
y la nobleza legendaria
del lis heráldico al vivir.

La Ciudadela Juan Atalaya se ha consolidado con el paso del tiempo y las inversiones en infraestructura facilitan el acceso a esta populosa conurbación.

Don Juan Atalaya, exitoso hombre de negocios

El espíritu aventurero y la búsqueda de nuevos horizontes llevó a Don Juan Atalaya y Pizano a embarcarse rumbo a América en el año 1815, cuando tenía 31 años de edad y eran comunes las noticias del floreciente comercio que llegaba de América y la riqueza que atesoraba esta vasta región. Su visión lo llevó a surcar el océano.

Había nacido en Jerez de la Frontera, Cádiz, al sur de la península ibérica, en 1784. Allí, en lo que se conoce como Andalucía, transcurrieron su niñez, adolescencia y juventud, al lado de los suyos, en una de las ciudades más soleadas de España. Tal vez por eso no le fue difícil asimilar el calor del trópico.

Al llegar al puerto de Maracaibo (Venezuela) vio el gran dinamismo comercial que había y supo que no se había equivocado cuando eligió salir de su ciudad natal. Allí se relacionó con la familia Rodríguez Butrón, también de origen español, y de quienes tenía referencia por familiares, y meses después contrae matrimonio con Doña Antonia Josefa Paula María del Carmen Rodríguez Butrón, el 23 de octubre de 1815.

Es así como don Juan Atalaya incursiona en los negocios y se convierte en un hombre de empresas comerciales, con el apoyo de la familia de su esposa que gozaba de reconocimiento económico y social. Primero lo hizo en Maracaibo y después en Cúcuta, ciudad en la cual se radicó en 1835.

Del matrimonio Atalaya – Rodríguez nacieron 10 hijos, de los cuales únicamente los dos últimos nacieron en Cúcuta y los restantes en Maracaibo. El escritor e historiador don Leonardo Molina Lemus presenta una historia cronológica de don Juan Atalaya en su libro “La Familia Ferrero”.

“De este enlace se desprende una numerosa familia que se emparentó en Colombia, entre otros, con descendientes de la heroína Mercedes Ábrego, con la familia del General Virgilio Barco, la del doctor Emilio Ferrero y la del prócer y mártir de la Independencia Joaquín Camacho, de cuya rama proviene el notable cardiólogo bogotano Ramón Atalaya, quien era su bisnieto. Una de las hijas de don Juan, doña María Dolores— se desposó con el bogotano Francisco Javier Caro, tío del poeta José Eusebio Caro.

“Y su nieta María Antonia Ferrero Atalaya fue la esposa del expresidente de la república, General Ramón González Valencia. La rama venezolana también se ha visto honrada con muy valiosas figuras de la sociedad. Todos se casaron con colombianos, excepto doña Adelaida, quien lo hizo en San Cristóbal con el español Domingo Martínez”.

El intercambiador vial de Atalaya, una obra de los últimos años para el sector.

En fin, que don Juan Atalaya y Pizano tuvo una vida bastante próspera y demostró su agradecimiento y espíritu de pertenencia hacia Cúcuta, la ciudad que le hizo prosperar, al donar al Cabildo, el 21 de septiembre de 1850, cuatro estancias de ganado mayor para futuros desarrollos urbanísticos. Y este vasto sector de la ciudad es la actual Ciudadela Juan Atalaya, bautizada así en su honor.

Los historiadores dan relevancia al hecho de que el empresario español adquirió estos terrenos exclusivamente para obsequiarlos al Cabildo, y que le sirviesen de ejidos, pues los entregó al mes de haberlos comprado.

Allí se constituyeron los primeros barrios del sector, como: Chapinero, Claret, Barrio Nuevo, Tucunaré, Niña Ceci, Los Motilones y Comuneros, entre otros, que crecieron aceleradamente, al punto de concentrarse allí el 30% de la población de Cúcuta, por lo cual se ha convertido en un bastión político, que ha colocado varios gobernadores de Norte de Santander y alcaldes de la ciudad de Cúcuta en los últimos tiempos.

Juan Atalaya y Pizano fue concejal de Cúcuta, “en una época en que los hombres debían reunir cualidades excepcionales de dignidad ciudadana, un decálogo de virtudes, y requisitos de ley donde se exigía no ser deudor al fisco o a la Real Hacienda (España), y no tener causa criminal pendiente; el juramento era solemne y se le entregaban las varas o credenciales y juraban fidelidad”, señala uno de los historiadores.

También fue Síndico del Hospital San Juan de Dios durante varios años, cargo en el que sirvió cívica y generosamente. Falleció en Cúcuta el 15 de enero de 1860.

Uno de los centros educativos más reconocidos de Atalaya. (Foto worldtravelserver.com)

Reconocimientos

Existen en Cúcuta una estatua y varios bustos de Don Juan Atalaya y Pizano. Uno de ellos del artista Luis Elías Carrillo, erigido en 1970 y restaurado en 1983, el cual está ubicado en la Etapa I de la Ciudadela Juan Atalaya. En la placa conmemorativa se lee: “Juan Atalaya y Pizano. Puerto de Santa María, España, 13 de mayo de 1784 – San José de Cúcuta, 15 de enero de 1860. Filántropo, hombre de empresas, generoso
donante de cuatro estancias de tierras en las que hoy se levanta la populosa ciudadela Juan Atalaya”. Uno de los más queridos centros educativos del sector es el Colegio Departamental Integrado Juan Atalaya (COLDIJA), ubicado en el barrio Tucunaré.

Allí también está un busto de este personaje, obra creada por el artista Gerardo S. y erigida en la institución en 1989, en recuerdo de la Novena Promoción de bachilleres COLDIJA. Cabe destacar que de esta institución egresó como Bachiller el actual gobernador de Norte de Santander, Silvano Serrano Guerrero, quien junto a otras autoridades del Municipio de Cúcuta, conmemoró el pasado 28 de septiembre de 2020, los 170 años de la populosa Ciudadela, y que corresponden a la fecha del acto de donación de los terrenos por Don Juan Atalaya.

Anunció el mandatario regional que impulsará dos importantes obras de infraestructura allí: la ampliación del Policlínico Atalaya para que sea un centro hospitalario de segundo nivel, y el apoyo para la creación de sedes universitarias de la región. De esta manera, se quitaría presión actual que existe sobre el Hospital Universitario Erasmo Meoz, y se reducirían los costos de transporte de miles de estudiantes que residen en el sector y deben utilizar hasta dos busetas en cada trayecto para trasladarse al centro de Cúcuta.

En los 170 años de la Ciudadela Juan Atalaya se le rindió homenaje al benefactor.
(Foto Gobernación Norte de Santander)

Mayor difusión

Para la historiadora Pilar Eugenia Ramírez Villar, quien forma parte de la Academia de la Historia de Norte de Santander, “hay mucho desconocimiento de estos personajes históricos, no sólo entre los niños y jóvenes de Cúcuta, sino también dentro de la población adulta. Debo admitir que conozco mucho más sobre Doña Juana Rangel de Cuéllar y el papel definitivo que jugó en la conformación de Cúcuta.

“Gracias a su generosidad, esta no fue una fundación como otras que se daban en la época de la Colonia, con muertos y heridos, sino que fue por concertación de las familias blancas y sus descendientes, quienes querían tener un sitio propio que creciera alrededor de la fe católica heredada de los españoles. Por eso surgió la parroquia San José de Guasimal y sería parte del origen de nuestra querida ciudad de Cúcuta”.

Pilar Ramírez admitió que de Don Juan Atalaya conoce menos sobre su historia y contexto, aunque reconoce la importancia que tiene la donación que hizo en su momento para que se estableciera allí la futura Ciudadela Juan Atalaya.

“Creo que es una tarea nuestra rescatar la memoria histórica de personajes de Cúcuta, una ciudad que tuvo su esplendor a finales del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, a la cual llegaron importantes familias de inmigrantes que impulsaron su desarrollo. Las nuevas generaciones de cucuteños deben conocer esta historia e incentivar así el sentido de pertenencia por nuestra querida ciudad”.

Un pequeño sondeo telefónico entre personas de diversas edades y ocupaciones, nos demostró la percepción de la historiadora.

“Doña Juana Rangel de Cuéllar era de Cúcuta, El Rosario, El Zulia, o por aquí cerquita (…). Ella donó terrenos para que se creara la ciudad de Cúcuta. Don Juan Atalaya fue quien donó los terrenos de la Ciudadela Atalaya y hay un colegio muy famoso que lleva su nombre. No he leído mucho de ellos, pero sí sería muy bueno que difundieran más esa cultura, no sólo de ellos, sino de mucha gente que vivió y fue importante en Cúcuta”, expresó una señora.

Un inmigrante señaló: “No sé quién fue Juana Rangel de Cuéllar porque no soy de aquí, pero sería bueno conocer un poco más de la historia de Cúcuta. Soy taxista. No sabía que había un parque que llevaba su nombre. Tampoco sé nada de Juan Atalaya”.

Otro de los entrevistados dijo lo siguiente: “Juana Rangel de Cuéllar nació en la Ciudad Mitrada de Pamplona, en los años de 1642 (¡…!); donó las tierras para que se construyera la ciudad de San José de Cúcuta, más o menos 782 hectáreas. Una persona que fue benefactora; una persona que siempre pensaba en los demás. Fue una señora que nunca se casó, soltera, y su familia era bastante, bastante acomodada económicamente. Juana Rangel de Cuéllar fue una mujer visionaria y creyó siempre que Cúcuta iba a ser una ciudad pujante. De Juan Atalaya no sé casi nada, sólo que hay un sector que lleva su nombre”.

Una joven profesora al ser consultada sobre los personajes, dijo con rapidez que Juan Atalaya era un indio que había donado los terrenos de la Ciudadela Atalaya, que ese indio era de la tribu de los Atalayas (¡…!). Sobre Juana Rangel de Cuéllar aseguró que fue una dama pamplonesa que donó los terrenos para que se fundara Cúcuta.

Finalmente, hay que señalar que Cúcuta ostenta el título de Perla del Norte por su importancia histórica y su desarrollo económico en el ámbito internacional. Existen cuatro ciudades que se conocen con este apelativo:

Victoria de Durango, México, desde mediados del siglo XX.
San José de Cúcuta, Colombia, desde fines del siglo XIX.
Chepén, Perú, desde fines del siglo XIX.
Antofagasta, Chile, desde inicios del siglo XX, en su auge económico.

A manera de epílogo, es válido reconocer la importancia de estos Juanes en la historia de San José de Cúcuta. En nuestra memoria colectiva permanecen las figuras de Doña Juana Rangel de Cuéllar y Don Juan Atalaya y Pizano como personas visionarias y nobles, quienes en su generosidad y gratitud hacia la ciudad, les donaron parte de sus posesiones en terrenos, convencidos de estar aportando cada uno de ellos, en su momento histórico, al desarrollo, paz y prosperidad de la región y de sus habitantes.

La Conquista de estas tierras

Parque Águeda Gallardo en Pamplona.

En 1541, el español Hernán Pérez de Quesada llegó hasta el territorio de Chinácota, pero tuvo que regresar el mismo año debido a la resistencia de los indígenas. Poco después, Alfonso Pérez de Tolosa, salido del Tocuyo, Venezuela, llegó hasta Salazar de Las Palmas, pasando por Cúcuta, pero también tuvo que regresar después de perder mucha gente en enfrentamientos con los nativos.

En 1549, una tropa de españoles comandada por Pedro de Ursúa y Ortún Velasco, tenientes de Quesada, invadieron el actual territorio de Norte de Santander y el mismo año llegaron a los valles de Pamplona, donde en recuerdo de Pamplona de España fundaron la ciudad que llamaron Nueva Pamplona, que pronto atrajo a numerosos pobladores por la bondad del clima y por las riquísimas minas de oro que se descubrieron en la región. De allí salieron después las expediciones que completaron la Conquista.

La primera expedición, comandada por don Diego de Montes, fundó en 1553 la población de Salazar, que al poco tiempo fue destruida por el Cacique Cínera o, según una tradición, por su hija Zulia. En 1583 la reedificó don Alonso Esteban de Rangel, bisabuelo de la fundadora de Cúcuta, en sitio más apropiado para la defensa en caso de nuevos ataques de los indios.

Hacia 1560 las encomiendas de Cúcuta podían tener unos 700 hombres en edad productiva, pero ochenta años después, hacia 1640, la encomienda que tenía por aquel entonces Cristóbal de Araque, descendiente de los primeros conquistadores, tan sólo tenía 54 hombres aptos para el trabajo, entre cúcutas, tamocos, camaracos, cabricaes y cacaderos.

La disminución había sido superior al 90%. Pero la crisis demográfica se había atenuado en las primeras décadas del siglo XVII con las medidas que empezó a tomar la Corona para proteger a la población nativa de toda América. Se mejoraron sus condiciones laborales, se controlaron los abusos de los encomenderos, se intensificó la evangelización y se procuró proteger la propiedad de la tierra de los nativos dándoles resguardos para que hicieran sus cultivos y organizándolos en pueblos al estilo español. Este fue el origen de la primera fundación hispánica de Cúcuta.

En 1622, el visitador Juan de Villabona y Zubiaurre dictó una serie de medidas que transformaron la vida de las comunidades indígenas de la Nueva Pamplona, incluyendo a las de Cúcuta. En 1623 ordenó que los indios del valle se congregaran en un pueblo y les asignó un resguardo. Ese es el origen del que sería llamado luego San Luis de Cúcuta, primer poblado fundado en el valle.

San Luis era una pequeña aldea cercana a las tierras del resguardo que poco a poco fue creciendo. Sus habitantes estaban dedicados a la agricultura, la ganadería y el transporte fluvial. Algunos blancos y mestizos empezaron también a establecerse en el valle, con lo cual la población se estabilizó. En las primeras décadas del siglo XVIII se introdujo el cultivo del cacao en toda la región y empezó un periodo de bonanza. El cacao era exportado hacia Europa y las otras colonias americanas por la vía del Lago de Maracaibo y muchas personas empezaron a formar haciendas cacaoteras cercanas a los ríos que permitían el transporte del producto.

Llegaron algunos vecinos de Pamplona, varios mestizos pobres en busca de trabajo y una gran cantidad de esclavos negros para las haciendas y la conducción de canoas. Ellos fueron el origen del segundo asentamiento hispánico del valle. La población blanca y mestiza que vivía en las márgenes y al interior del resguardo de Cúcuta quiso independizarse tanto en lo civil como en lo religioso del pueblo de indios y logró que se autorizara la fundación de una parroquia hacia 1733, la cual fue llamada San José de Guasimales o San José de Cúcuta.

El puerto de Maracaibo era muy activo en la época de la Colonia y su cercanía a Cúcuta permitía un gran dinamismo comercial que pronto atrajo a muchos
inmigrantes europeos y de otros lares.

El auge del cacao y del comercio hacia la capitanía de Venezuela hizo que llegaran más gentes y la población empezara a crecer. Poco a poco se formaron otros asentamientos un poco más al sur que también quisieron ser parroquias y villas. Así nació el tercer poblado del valle, y fue El Rosario, que por aquel entonces era un sitio más poblado que San José y San Luis.

En 1773 se organizó como parroquia a partir de una donación de Ascensión Rodríguez. Recibió en 1780 el título de Villa del Rosario y una década más tarde, hacia 1792, San José sería elevada al mismo rango. Las dos nuevas villas y el pueblo de indios de Cúcuta quedaron subordinados a Pamplona que siguió siendo la capital de la provincia durante varias décadas.

Al comenzar el siglo XIX, el comercio por los puertos sobre el río Zulia se diversificó, se intensificó y las villas siguieron creciendo. Hacia 1808 los productos más importantes eran el cacao, el añil y el café. El corregidor Joaquín Camacho comentó ese año que la prosperidad de Pamplona ya se debía a las haciendas de cacao de sus vecinos en el valle de Cúcuta y al comercio que desarrollaban por el puerto de Los Cachos, en el sitio de Limoncito, sobre el río Zulia hacia lugares como Barinas, las islas del Caribe y Europa.

Eso había atraído también algunos inmigrantes europeos y destacó la colonia catalana establecida en San José. Sin embargo, un gran obstáculo para el desarrollo de la villa era el mal estado de los caminos.

Afortunadamente los ríos eran fácilmente navegables. Camacho calculó la población de las dos villas en unos 2150 habitantes y en el pueblo de Cúcuta todavía se contaban unos 660 indios. Esta era la situación en la víspera del rompimiento con España. Dos años más tarde, la crisis política en la metrópoli y las guerras napoleónicas precipitaron la ruptura de las colonias americanas con su madre patria y la región se vio afectada por los movimientos de formación de juntas de gobierno que se dieron por toda la América española.

La segunda mitad del siglo XX ha significado para Cúcuta un desarrollo vertiginoso. Su destino económico y cultural está fuertemente atado a su situación fronteriza. Lo que sucede en Venezuela repercute ampliamente en la ciudad, que ha visto épocas de crisis y bonanza en sintonía con lo que sucede en el vecino país.

Si se observan las cifras de población se puede apreciar que desde la década de 1950, la ciudad ha multiplicado varias veces su tamaño, pasando de unos 100.000 habitantes a unos 600.000, que superan el millón si se tiene en cuenta toda su área metropolitana. A pesar de que se viven tiempos de crisis económica e incertidumbre, la historia de Cúcuta ha demostrado que sus habitantes han sabido sortear las dificultades y salir fortalecidos de las adversidades. En este caso, esperamos que la historia siempre se repita.

Panorámica actual de Cúcuta, a 287 años de su fundación. (Foto PriceTravel.com)
Años                                                 Número de habitantes
1560                                                              2.608
1808                                                              2.147
1817                                                              2.295
1825                                                              2.648
1843                                                              4.590
1851                                                              6.353
1864                                                              7.345
1870                                                              9.226
1896                                                             17.475
1912                                                             25.955
1918                                                             29.490
1923                                                             40.151
1928                                                             49.279
1938                                                             57.248
1951                                                             95.150
1964                                                            175.336
1973                                                            290.852
1985                                                            379.478
1993                                                            482.490
2005                                                            587.676
2018                                                            703.000

Bibliografía y Webgrafía

Colmenares, Germán. Encomienda y población en la provincia de Pamplona, 1549-1650. Bogotá: Universidad de los Andes, 1969.
Febres-Cordero, Luis. Del antiguo Cúcuta. [1917] Bogotá: Antares, 1950.
Febres-Cordero, Luis. El terremoto de Cúcuta. Bogotá: Banco Popular, 1975.
Medina Luis A. Cita Histórica. Cúcuta. Comunicaciones Gráficas, 1988.
Molina Lemus Leonardo. Antología de la Gaceta Histórica de Cúcuta, 1983. “La Familia Ferrero”.
Rodríguez Lamus, Luis Raúl. Los correos y las estampillas de Cúcuta y del Norte de Santander. Bogotá: Gente Nueva, 1983.
Tovar, Hermes, Camilo Tovar y Jorge Tovar. Convocatoria al poder del número. Censos y estadísticas de la Nueva Granada, 1750-1830. Bogotá: AGN, 1994.
Tovar, Hermes, Luis E. Rodríguez y Marta Herrera. Territorio, población y trabajo indígena. Provincia de Pamplona, siglo XVI. Bogotá: Icch, 1998.
https://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencialhistoria/numero-234/cucuta-ciudad-comercial-y-fronteriza

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