XISMA. ¿El poder para qué? (I)

Por Benjamín Alexis Garavito Linares*

El Maestro y doctor Darío Echandía, único colombiano que fue presidente tanto de la República, como del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia, en tiempos diferentes y con una honorabilidad ejemplar, luego del acontecer y sacrificio de Jorge Eliécer Gaitán pronunció esta lapidaria frase: “¿El poder para que?” la cual, según el prisma con el que se observe, tiene diferentes significados y realidades que se escapan a la cotidianidad.

En los años 50 del siglo XX se desató una cruenta y desigual guerra interna que se conoce como la época de la Violencia partidista en Colombia. De un lado estaban los terratenientes y del otro, los despojados de las tierras, alineándose en cada bando una coincidente representación política conservadora y liberal, respectivamente, de donde surgieron personajes que en el imaginario y por los rigores de la barbarie de una orilla y la otra, pasaron a la historia como héroes e instigadores villanos, siempre acudiendo a la fuerza del establecimiento o el inoportuno nuevo hecho sangriento que exacerbaba aún más el ánimo retaliativo entre los contendientes.

El Frente Nacional -como estrategia política- determinó la posibilidad de trabajar conjuntamente entre los partidos azul y rojo para enfrentarse al enemigo común denominado: la Violencia. Justamente, el primer presidente de este experimento, el Dr. Alfonso Lleras Camargo, designó a Darío Echandía como gobernador del Tolima, una de las zonas más afectadas por el fenómeno y los hechos de difícil solución entre las partes.

Fue entonces por los siguientes pocos años un verdadero pacificador, sin recurrir a ninguna forma de violencia, que apagara con fuego el ya incendiado escenario de las vastas, prolíficas y hermosas panorámicas paisajísticas del Tolima grande, con municipios que otrora habían sido resguardos indígenas como Chaparral, Ortega y Natagaima, de donde surgió Quintín Lame, nativo aguerrido que quiso defender a su pueblo y sus territorios ancestrales ocupados, levantándose en armas, como una de las primeras manifestaciones de enfrentamiento organizado al gobierno central.

También entre Villarrica y Cunday se habían enviado a miles de desmovilizados de la Guerra de los Mil Días, con las consecuencias previsibles, pero no medidas de las afectaciones sociales, culturales y económicas a futuro. La estrategia de pacificación del gobernador fue para la época, diálogo, proyectos productivos, concertación y armonización social entre iguales como conciudadanos. Una vez finalizó su periodo de gobierno regional, la continuidad de estos programas de debilitó y la violencia retornó con mayor voracidad auspiciada por las propias frustraciones de retornar al caos.

Asimismo, la imposibilidad de encausar los destinos de los moradores en sus territorios, las actitudes extremas en el pensamiento y la acción de los liderazgos con intereses diferentes a la pacificación sin violencia, le llevaron a un gradual escepticismo, al punto de calificar a Colombia, como un “país de cafres”, término proveniente de una región al sureste de África, en una colonia inglesa denominada cafrería, donde ocurrían toda suerte de engaños, abusos y violencia por la naturaleza cruel, salvaje y brutal de los habitantes invasores contra sus congéneres nativos, inermes a la injusticia permanente.

La evidencia natural de armonía, plenitud y sostenibilidad en los mismos lugares y con las mismas personas que previamente confrontaron hasta morir, tienen una explicación sociológica y psicosocial que debe entenderse como parte de las múltiples expresiones antropológicas que suceden a nuestra humanidad en los cortos ciclos de civilización e iluminación que aparecen luego de las interminables noches de desasosiego irracional.

La manifestación de poder humana es peligrosamente una de las condiciones que, paradójicamente, implican avanzar hacia el caos, a partir de la división, construir facciones que, bajo liderazgos imprecisos y hasta más caóticos, aseguren un control a pesar del sistema en desorden por parte de quien o quienes lo propician.

Una de las leyes de la termodinámica más incomprensible es la entropía, donde a pesar de un equilibrio inicial y sin ninguna intervención externa, la propia naturaleza en el sistema lo degradará y transformará en un escenario fuera de control, indefectiblemente. Sucede esto con las cabañas en medio del bosque, las construcciones abandonadas y otros entornos a la deriva del tiempo, los cuales, aunque alguna vez se concibieron en orden, limpios y en equilibrio armónico, al pasar periodos definidos, materialmente desaparecen por su destrucción irremediable, en ausencia de una simple asistencia.

En el rango amplio de la expresión del poder humano confluyen los extremos autoritarios que representan -con lamentables resultados para cientos y hasta millones de personas-, los más abyectos comportamientos que cuestionan cada tiempo la verdadera utilidad, así como el legítimo beneficio del poder, su aplicación y las decisiones futuras de la humanidad, con sus líderes empoderados, que tendrán como responsabilidad, identificar, regular y anticiparse a quienes con señales reconocidas, avanzarán hacia los extremos del poder para transformarlo en caos totalitario, donde las libertades, derechos e inteligencia colectiva de las personas, son las primeras bajas significativas en la consolidación de estos modelos.

Por estos días todos asistimos a una especie de proliferación de las manifestaciones del poder humano en sus transformaciones más degradantes y ni siquiera se escapan las bicentenarias naciones con instituciones hasta ahora ejemplares, como faros de libertad y desarrollo para toda la humanidad. Un solo individuo, encaminado hacia algún extremo indefendible para la racionalidad y razonabilidad, pero más absurdo aun, secundado por millones de seguidores como hordas enceguecidas, pueden en cuestión de horas, resquebrajar un establecimiento de siglos en construcción. Es como si la estupidez a veces fuera más coherente que la inteligencia misma.

Al mirar alrededor o desde muy fuera del sistema entrópico en el que sobrevivimos como planeta tierra y dejado a la deriva del poder de una sola de sus especies, probablemente la más letal, entonces las fuerzas que deben equilibrar su balance para retomar el rumbo, se perciben como igualmente caóticas ante el mismo desorden existente y sistemático. La próxima semana con algunos casos históricos relevantes, tanto lejanos como recientes, en colectivos mínimos y también máximos, intentaré responder a la pregunta del Maestro Echandía, a pesar de la existencia, multiplicación y pervivencia de tanto cafre.  

Cofundador y Director Ejecutivo de XUA ENERGY. bgaravito@xuaenergy.org|www.xuaenergy.org

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