XISMA. Entre 50% y hasta 70% desempleados…

Benjamín Alexis Garavito Linares*

Recientemente y en declaraciones en redes sociales, dos líderes gremiales de la Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos (ACIPET), hicieron referencia a los altos índices con respecto al desempleo de los profesionales graduados de ingeniería de petróleos en Colombia, y el contraste en cuanto a los aportes macroeconómicos que la industria del petróleo suma al Producto Interno Bruto del país, con hasta un 5%, así como otros rubros que se destacan gracias al sector de hidrocarburos anualmente.

Para el contexto es importante comprender que, si bien las dos cuestiones son ciertas, aunque se perciben a primera lectura como inconexas, porque se esperaría que un sector creciente y próspero, determine beneficios equivalentes para sus profesionales con especialidades específicas de la ingeniería de petróleos, no es así, y tiene explicaciones que son comprensibles desde los mínimos de la oferta y demanda para un segmento clave, aun siendo estratégico en la dinámica económica del país.

Aunque la producción petrolífera en Colombia se registra desde hace 103 años, los primeros ingenieros de petróleos formados por allá entre finales de los años cuarenta e inicios de los cincuenta del siglo pasado en las universidades públicas, la Nacional de Medellín e Industrial de Santander y la privada de Bogotá, Fundación Universidad América, permitieron la llegada de los pioneros a una actividad exótica, distinta y hasta percibida como privilegiada, por ser referente de riqueza y poder.  

Para el comienzo del presente siglo, los ingenieros egresados de los programas de Ingeniería de Petróleos en el país superábamos los tres mil profesionales y siempre persistía en el imaginario, desde las mismas aulas y en la propia industria, que era una profesión no recomendable y que, para los nuevos aspirantes, sería mejor buscar otra profesión. Hace tres años las estadísticas mostraban que los egresados en el presente siglo, se habían cuadriplicado y ahora los colegas graduados alcanzamos los doce mil, donde cerca de un 95% estamos matriculados ante el Consejo Profesional de Ingeniería de Petróleos (CPIP), autorizados para el ejercicio profesional, como lo indica la ley 20 de 1984.

En la última década, el petróleo y sus beneficios crearon en los mismos imaginarios la proliferación de aspirantes y, en consecuencia, graduandos en pregrado; adicionalmente, la oferta académica en posgrado también se expandió y las especialidades, maestrías y otros productos derivados del conocimiento del subsuelo, permitieron un “esnobismo” en torno a las aplicaciones de ingeniería con respecto al petróleo y el gas en Colombia. Las bonanzas de precios para los hidrocarburos, animan siempre los crecimientos sostenidos directos e indirectos para las contraprestaciones económicas, empleabilidad, aspectos fiscales y la misma academia.

No obstante, cuando ocurren las contracciones en los mercados globales del petróleo, la aceitada, refulgente y encopetada industria del petróleo, se resiente y tiende a transformarse de vedette a actriz de reparto, en el escenario donde se desenvuelve. Al final, y por rutina centenaria, la “industria petrolera” sale avante, se reacomoda, se vuelve resiliente -como se explican ahora las cosas en medio de las pandemias- y se fortalece, como si recibiera el antídoto para el virus que imprime la caída de los precios del mercado, que la gobiernan geopolíticamente.

En esta última realidad es donde debe enfatizarse para no insistir caprichosamente en comparar peras con manzanas. Una cosa es la industria petrolera local, que depende de la global, indefectiblemente; y otros, son los ingenieros de petróleos y los profesionales que hacen parte del engranaje complejo de los ejes productivos del “negocio petrolero” a cargo de muy pocos. Incluso, para una mejor perspectiva y con una regla estadística prudente, los ingenieros de petróleos necesarios para que funcione el negocio petrolero, no superan el 10% de todos los profesionales requeridos.

Empieza a quedar un poco más claro que el nuevo ascenso de la industria y su chequera, no se relaciona directamente con la ocupación de más ingenieros de petróleos, máxime cuando las aplicaciones laborales son operativas y fácilmente reemplazables por otros profesionales, más austeros y menos ilusionados con creerse “petroleros”, quienes aceptan los desafíos de nuevos aprendizajes, la mesura en la tarea encomendada y la eficiencia en el resultado esperado.

Con lo anterior gana la industria, al reducir su oferta económica en los puestos de trabajo, reasignando funciones o agrupándolas; ganan los profesionales con otras especialidades y pierden, lamentablemente, los colegas ingenieros de petróleos que no regresan a sus trabajos o, más dramático aún, no tienen la primera oportunidad para ejercer su carrera como lo aprendieron en la universidad, creando otro imaginario colectivo de frustración y hasta de resentimiento.

Este panorama muy similar al color del mismo petróleo, acentuado además por la transformación energética en marcha, que en algunas visiones se enfoca en abandonar las fuentes fósiles para reemplazarlas por las renovables, así como la oposición ideológica de sectores políticos al “fracking” y, quizás lo más incongruente, la apatía de los mismos líderes en las academias, gremios profesionales y empresariales, así como en las empresas operadoras y de servicios, y para rematar en las instancias gubernamentales, donde la problemática es “inexistente” por donde se pregunte, propician la inviabilidad de la profesión.

El 50% de desempleo en el total y el 70% en los colegas egresados de los años recientes, más allá de invitar a consideraciones, inquietud o hasta solidaridad, debe urgir por un plan serio, organizado, legítimo, respetuoso y liderado conjuntamente por quienes reconozcan sus corresponsabilidades y/o están lejos de avergonzarse de lo que han ocasionado sistemáticamente en el presente siglo, al permitir que aumenten las brechas entre lo enseñado y lo requerido, así como en omitir fortalecer los valores éticos y las habilidades colaborativas por acción u omisión.

Adicionalmente, acudiendo de forma perentoria a una revisión de fondo en la misión social y ambiental como estructuras de la más alta responsabilidad que deben adquirir y aplicar los ingenieros de petróleos recién egresados, con alcance a una reeducación pertinente de los junior, senior, especialistas, expertos y hasta más allá, dependiendo de cada experiencia particular y aplicación lograda en el ejercicio de esta esencial, vocacional e inspiradora profesión.

Es momento de pasar de los bien intencionados diagnósticos y análisis de lo que ocurre, a sabiendas de todos, a los mejores hechos para implementar acciones con indicadores verificables y resultados en plazos cortos con rendición de cuentas integrales. 

Cofundador y Director Ejecutivo de XUA ENERGY. bgaravito@xuaenergy.org|www.xuaenergy.org Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente el enfoque, propósitos e interés tanto del medio digital que las publica, como de las instituciones de las que hace parte y con las que interactúa habitualmente.

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