XISMA. ¿Homo sapiens? (II)

Por Benjamín Alexis Garavito Linares*

Adis Adeba es un nombre toponímico que se adoptó de una flor que deslumbró a la emperatriz Taitu Betul, tercera consorte de Negus Menelik II, y la cual inspiró el nombre de la capital de Etiopia, ubicada al este del continente africano. A 159 kilómetros de este lugar, en 1974, un equipo de arqueólogos liderado por el francés Yves Coppens y el estadounidense Donald Johanson, hicieron un descubrimiento que modificaría profundamente las creencias, los presagios y validaría en su registro científico, un hecho ocurrido entre 3,2 a 3,5 millones de años atrás. Encontraron fragmentos de huesos incompletos, pero con un orden preciso, que determinaron la existencia de una mujer homínida y perteneciente a la especie de australopithecus afarensis. La llamaron Lucy, de aproximadamente veinte de años de edad, con una estatura de apenas 1,10 m y un peso no mayor a 30 kilogramos cuando murió y con evidencias de haber concebido un bebé.

En términos de lazos familiares, ella hizo parte de una especie muy antigua que, incluso, resolvió una incertidumbre en la ley de la evolución del profesor Darwin, que había ocasionado arduos debates científicos que mantuvieron el concepto de un probable “eslabón perdido”, el cual hasta no encontrarse, dejaría en indefinición el tránsito del mono al hombre. La ventaja que provee la ciencia sobre cualquier otra consideración que se pretenda argüir para contradecirla, es que todos los hechos más temprano que tarde emergen y hablan por sí mismos. Se asemeja a un caso policíaco donde las mínimas, desordenadas e inconexas pruebas, por momentos son un tenue bosquejo, que, con paciencia y empeño, terminarán revelando la imagen para resolver el caso.

La otra virtud de la ciencia es la pregunta que formula, muchas veces elemental, aunque de respuestas muy complejas de comprender, incluso en abstenerse racionalmente de aventurarse, para el investigador a presentarlas. Lucy y sus descendientes deambularon cientos de miles de años alrededor de zonas conocidas, reconocidas y con amplitudes de cierta forma seguras, como siguiendo una singularidad.  Salir del continente africano les tomó a otras especies de homínidos más evolucionadas, avanzar hasta Asia central y de ahí buscar destinos hacia el oriente y occidente, tres millones de años después de la desaparición de Lucy. Cada nuevo hallazgo en un lugar cercano, intermedio, lejano y muy lejano de ese cuerno africano, también romantizado como la cuna de nuestros antepasados, aunque lejano de ser un jardín del edén.

La imagen que buscamos tiene cada tiempo una mejor resolución, pero igualmente los hitos se presentan con una tendencia exponencial tenebrosa, donde el tiempo es cada vez en apariencia, menor e insignificante, comparado con ese calendario cósmico explicativo del universo. Ahora nuestro propio almanaque de eventos se reduciría desde la aparición de Lucy a una línea temporal casi idéntica de inmovilidad o incertidumbre, para los más escépticos. Lo anterior confirma la necesidad de hacer correlaciones y hasta buscar algunas respuestas en el vecindario.

Desde hace una semana que Rover e Ingenuidad están en suelo marciano buscando datos y huellas inalteradas de hace 3.600 millones de años, en un lugar donde los tiempos se estiman con otras métricas. ¿Perdió su atmósfera Marte? Y sí fue así, ¿cuándo ocurrió esto y por qué? Cada interrogante, creará otros nuevos con seguridad. Regresemos al mediterráneo de nuestro planeta, en una época donde las evidencias vuelven a indicar, como en los casos forenses que, durante un periodo de tiempo entre los últimos ciento cincuenta y setenta mil años, las otras especies de homínidos, distintas al sapiens fueron desapareciendo y prevaleciendo la única sobreviviente, que además extendió su amplitud de desplazamiento a confines tan inesperados como Australia, América y Noruega. Aquí puede sincronizarse el hecho de la expansión con dos eventos colaterales, el primero recientemente mencionado sobre los últimos hallazgos en un escenario de aislamiento final, sistemático y brutal hacia los Neandertales, que propicio, y aun no se acusa formalmente a la especie sospechosa, de la extinción de estos enormes, fuertes, pero confiados homínidos. El segundo evento confirma que los únicos que gozaron de la revolución cognitiva fue nuestra “sobreviviente” especie y no ninguna otra.

Miremos alrededor en nuestro comportamiento colectivo como única especie, desde antaño y veremos algunas evidencias, que también como en épocas pretéritas, hoy permanecen de fondo, aunque en la forma se perfeccionan en cómo tienen éxito en la depredación, angustia de descartar al diferente, ocultar o desaparecer las pruebas y sonreír hipócritamente como si no hubiese ocurrido nada anormal.

Los estudiosos de las especies naturales siempre encuentran más virtudes que oprobio en el desarrollo natural de las distintas a la nuestra, pero siempre existe asombro al comparar algún caso nefasto que nos avergüence por alguna situación, como por ejemplo que unos pocos en la segunda guerra mundial trazaran un plan macabro para una solución final que exterminara a otro grupo, que, por la posición de poder, consideraron inferior. Entonces, ¿dónde está la inteligencia, la belleza y el amor de nuestra especie sobreviviente? ¿Y la esclavitud, las hambrunas y hasta la misma economía basada en realidades imaginarias construidas por algunos pocos para garantizar su propio beneficio, pero a costa de miles de millones, que, arrinconándose, terminan atrapados como los neandertales sin una opción diferente a desaparecer.

Tanto las revoluciones alimentarias de hace cerca de 10.000 años, como la industrial de hace 250 años y la que ahora atravesamos raudos, sin ser conscientes, a pesar del océano de información y tecnología creciente; solo nos llevarán a una catástrofe inminente, donde al no encontrar en nuestro código genético imperfecto a quién destruir externamente, inició sin  que lo sepamos conscientemente, un conteo de autodestrucción, pero no silencioso, ni mucho menos cauteloso; todo lo contrario, con bastante ruido, casi comparable a una celebración para cerrar ese último año, donde no habrá un siguiente comienzo. Unos muy pocos, con inteligencia coherente y en medio del carnaval para despedir al homo sapiens, envían robots al planeta más cercano para encontrar las respuestas que por aquí están perdidas.

Cofundador y Director Ejecutivo de XUA ENERGY. bgaravito@xuaenergy.org|www.xuaenergy.org/Foto eluniverso.com)

Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente el enfoque, propósitos e interés tanto del medio digital que las publica, como de las instituciones de las que hace parte y con las que interactúa habitualmente.

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